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Los pasos de un hombre muerto

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Escrito por Juan Camilo Moreno W.

“Desde el momento en que se conocieron, fue asesinato”, “Iremos juntos hasta el final”, “No oía mis pasos, eran los pasos de un hombre muerto”, “Sí, lo maté, lo maté por dinero y por una mujer, y no conseguí ni el dinero ni la mujer”. Sórdido, crudo, real; las confesiones que Walter Neff (interpretado por Fred MacMurray) hace frente a un grabador de sonido, cuentan minuciosamente los orígenes y el desarrollo del asesinato que Neff perpetua junto a su amante Phyllis Dietrichson (interpretada por Bárbara Stanwyck) para cobrar una póliza de indemnización, una póliza especial que los hará millonarios por ser una doble indemnización sólo otorgada en casos realmente especiales. La víctima es el esposo de Phyllis, un petrolero ya pasado en años, dedicado a su trabajo y lleno de dinero.

La narración en off de Neff, baleado y moribundo, se alterna con la reconstrucción de los hechos. Conocemos desde el principio que todo ha salido mal, que hay traición, que el crimen se destapará, que lo que se avecina es la cámara de gas o el desangramiento. No existe ninguna salvación para Neff o Phyllis en esta Los Ángeles calurosa, de grandes casas en las colinas, supermercados repletos de latas de conservas y oficinas ardientes donde el sudor corre tan rápido como las palabras y las balas.

“Double Indemnity” o “Perdición” –su título en español-, es uno de los referentes inmediatos cuando de cine negro se habla. Cuando la película fue estrenada en 1944 ni siquiera se hablaba todavía de film noir, pero el crimen organizado, cargado de una altísima y calurosa tensión sexual, más un fracaso inminente, seguían sentado las bases que luego darían nombre a esta estética cinematográfica y que convertirían a “Double Indemnity”, como ya dije, en un título imprescindible en la cinematografía mundial.

La película es tan efectiva por su realismo, por su naturalidad. Incluso los personajes no hacen parte –como es común en el cine negro- del mundo del hampa o de la policía. No existe un robo a una joyería o peleas entre bandas rivales. Existe más bien las más oscuras pasiones humanas, la codicia, el frenesí, el desespero. Los personajes de “Double Indemnity” están más cercanos a una vida común. Un joven y prometedor vendedor de seguros, un astuto jefe, una esposa joven y su viejo marido, una hija celosa e incomprendida, y su novio… Esos son y los reconocemos. Incluso podríamos ser hasta nosotros, o nuestro jefe, o esa mujer que fascina y que idealizamos cada vez que la vemos, y que quizá detrás de ese encanto esconde las más altas dosis de un amor letal sin retorno posible.

Puede que no exista una figura de mujer fatal, de femme fatal, tan determinante, tan agresiva y peligrosa como Phyllis Dietrichson. Esta mujer no sólo arde y seduce; engaña, te confunde, te deja en el vacío, y de un momento a otro puedes estar ya marcado, marcado para caer y morir…

Su agresividad y determinación rompen cualquier buena voluntad que alguna vez haya podido tener Walter Neff. Phyllis ha subido desde el mismísimo infierno, se está quemando y su lengua miente y envenena. Ella parece ser la diosa de su colina en Los Ángeles, y cualquier contacto, cualquier relación con alguien inmediatamente creará una explosión. Phyllis es una arpía que no deja comer, una medusa que al ver a los ojos convierte en piedra a los hombres para que se entreguen a su entera voluntad. Phyllis precipita el ocaso de los dioses, la máxima tragedia. Desde que Neff la ve por primera vez, en toalla y con un brazalete en el tobillo, cae directamente rendido ante ella. Claro que habría que desconfiar, pero su atracción es tan grande que no importa la razón, el futuro, nada, con tal de entregarlo todo, ya mismo, a esta diosa con peluca rubia.

El otro pico de esta historia es Barton Keyes (interpretado por Edward G. Robinson), un hombre pequeño, de palabra fácil y ágil, supersticioso e inteligente. Es el jefe de Walter Neff y siempre juega el papel de investigador para descubrir de qué manera la gente está engañando a la compañía para cobrar falsamente sus pólizas de seguros. Si Phyllis viene del infierno, y Neff es un hombre errante que se ha precipitado por el deseo, Barton Keyes podría ser una especie de divinidad, de sabio, de ángel de la guarda de Neff. Entre ambos existe complicidad y confianza, y Keyes nunca descubre a Neff porque, como lo dice el mismo Neff, “el hombre que buscabas estaba al otro lado del pasillo”. El trágico y pronosticado final de “Double Indemnity” reúne a estos dos personajes en un sincero momento en que todo se ha destapado ya, y la muerte está ahí, justo al lado.

“Double Indemnity”, poderosa, sensual, traicionera. Piénselo dos veces antes de comprarse un seguro de vida.

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