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Marcado para matar

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Por Juan Camilo Moreno W.

Yakuzas, gangsters, en el Japón de los 60s. “Branded to kill” comienza y no hay mucho tiempo para introducirnos a quiénes son los personajes de la película. Sabemos que el protagonista –Hanada-, el particular hombre de pómulos pronunciados es el asesino No. 3, es decir que hay sólo dos mejores asesinos que él, y sabemos que el No. 1 es un completo desconocido. La acción comienza y la película da paso a andadas por carretera, a pistolas, y a whiskeras y borrachos. Alguno dice que las mujeres y el alcohol son la perdición de los asesinos. Así es.

Las amenazas comienzan y los tiroteos se toman la cinta. Quiénes se matan con quiénes… Qué carajos importa! Cada uno a salvar su vida, y Hanada a cumplir con el trabajo por el que le pagaron. Hay varios tiroteos, luego una secuencia donde se disparan desde un carro y Hanada atropella a un par de enemigos, y luego una gran explosión de un bunker. El trabajo de Hanada termina y listo, a esperar un nuevo encargo yakuza.

Hasta ahora lo que hemos visto es suficiente para tenernos completamente entretenidos y a la expectativa de nuevas secuencias con tal impacto visual, con tal capacidad de humor, exageración, con tal nivel de excentricidad. Quizás en tan sólo 20 minutos de metraje de la película Seijun Suzuki – su director- ha suprimido el orden espacio-temporal del cine clásico, ha introducido unos personajes de los que no sabemos nada en una trama que si bien no entendemos a nuestras anchas, nos divierte y nos emociona sin igual.

La película continúa y a la historia de Hanada se añaden muchos más elementos simbólicos y narrativos que hacen progresar el delirio que es “Branded to kill”. Por un lado una gran dosis de erotismo y sadismo con la relación de Hanada con una de sus amantes; secuencias de gran impacto no sólo por los desnudos femeninos sino también el gran e inagotable deseo carnal que colma la relación, y que deriva en una explícita violencia. Se añade también una particular obsesión de Hanada por el olor del arroz hervido, un guiño que, como muchas cosas en la película, no tiene lugar en la narración o no importa realmente, pero que le da un toque de originalidad y esteticismo único.

La tarea de Hanada ahora es asesinar a cuatro personajes que algo tienen que ver con algún negocio yakuza. Allí, cuando hace falta asesinar al último de los cuatro, aparece un personaje misterioso y ecléctico, la femme fatal de la película, Misako, una mujer con un rostro inexpresivo de la cual Hanada, en medio del odio, la fascinación y el misterio, se enamora profundamente. Es una femme fatal de muy pocas palabras y que sin duda nos genera incertidumbre. Consigo trae pájaros muertos, cientos de mariposas decoradas en las paredes, plumas en el suelo. Todo como si fuera una hada nipona, una mujer salida de un inframundo inclasificable que tiene loco a Hanada, loco por poseerla, loco por matarla, loco por amarla y loco por escaparse de ella. Las secuencias junto a Misako, cargadas de misterio, resultan ser las más surrealistas y encantadoras.” Branded to kill” es eso, pura sensación, puro delirio, mucho misterio y ninguna certeza. Sólo pensar la secuencia en que Hanada escapa del apartamento y, como ilustraciones pop, mariposas y líneas dibujadas en el fotograma se le cruzan por la cabeza para representar su estado de alteración y de encantamiento con esta femme fatal inigualable y peligrosa.

La historia avanza entre las dudas de qué es lo que sucede realmente, de quiénes son, de qué va a suceder. Y cualquier cosa puede suceder, y las secuencias que se suceden unas a otras no necesariamente tiene relación con las anteriores, pero eso sí, cada una está llena de elementos iconográficos, de mucho humor, de mucho absurdo, y de un gran potencial visual en todo sentido. El blanco y negro, casi siempre más tirado hacia las sombras y lo oscuro, movimientos de cámara expresivos y sugerentes, una cantidad de gags únicos, simbólicos, surrealistas, y sobre todo, la gran expectativa y la gran duda de qué carajos sucede, pero que suceda, porque el encanto es tal en esta película que se siente que debe avanzar entre el absurdo y la mofa, entre el gran estilo y una genuina capacidad expresiva.

Hay que tener bien abiertos los ojos en esta película, tratar que no se escape ningún detalle. Olvidarse poco a poco de ver una película convencional, narrativa, con causa y efecto. Dejarse emocionar, hilarar, contenerse y molestarse. “Branded to kill” significó la muerte cinematográfica de Seijun Suzuki por más de una década, demandas, juicios, el despido. Sin embargo está en la cima del cine B mundial por haber deconstruido completamente el cine noir y el cine yakuza, por haberse olvidado de todo, haberse inventado todo.

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