Entrevista a Harvey Keitel – Teniente corrupto – A. Ferrara – 1992

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A propósito del ciclo New York New York donde proyectamos “Teniente corrupto”, decidimos publicar (al fin) la entrevista que Playtime Cineclub le realizó al gran actor Harvey Keitel durante su visita a la ciudad de Cartagena durante el festival de cine en el año 2013. Decidimos incluir la historia de cómo, erradamente, logramos encontrarnos con el Teniente corrupto ya que pensamos que vale la pena agradecerle a todas las personas y factores que nos llevaron a tener este gran documento. 

Gerardo Atehortúa, un hombre flaco y con rastros de un acné terrible; “estas son las heridas de guerra de mi adolescencia” decía siempre señalándose la cara. Un hombre que un día estaba y al otro se desaparecía, y a quien su timidez llevó a coleccionar todo el cine que pudo y que puede.

Desesperanzados por intentar empezar un proyecto cineclubista nos reunimos un día para hacer nuestro último intento, echar al aire nuestra última bala. Entonces nos reunimos en el parque de la 60 porque alguien nos dijo que nos iba a apoyar para empezar a proyectar. Así fue, tuvimos una reunión en un bar cerca al mítico parque y allí el dueño de un bar nos dijo que podíamos proyectar cuando quisiéramos. Nos devolvimos al parque, nos sentamos y  empezamos a maquinar cómo íbamos a hacer para que nuestro proyecto funcionara;  al lado de nosotros estaba un joven flaco, con gafas y con una camiseta que decía “Film or die”, leyendo un libro no sé de qué, nunca supimos, y que se nos acercó y nos dijo que había escuchado nuestra conversación. Luego nos remató diciendo que él tenía una colección de cine que quería compartir, que quería mostrar pero que no sabía en dónde ni cómo, entonces nosotros le dijimos que por qué no nos acompañaba a empezar nuestra labor, él no se negó, no lo dudó, se embarcó y acordamos entre todos que el proyecto se llamara Playtime; el muchacho se entusiasmó todo y dijo –uy si, como la película de Tati-. Ese muchacho luego se despidió diciéndonos: muchachos mi nombre es Gerardo.

Pasó el tiempo, Playtime tomó forma, nos organizamos con ganas de proyectar, de escribir, de acercarnos a un cine distinto, a ese que difícilmente llega a nuestro país y luego, como si nada, Gerardo se desapareció, no lo vimos más, no se despidió, solo dejó de ir a las proyecciones y en la casa un día nos dijeron que se había ido de viaje y nos había dejado gran parte de su colección.

Al año siguiente apareció en Cartagena; era la primera vez que íbamos al festival de cine de dicha ciudad, al mismo en el que apareció Cantinflas, Barbara Steele, y Carlos Mayolo gritando “publico hijueputa”. Nosotros íbamos con todas estas imágenes mentales y un día, saliendo de la Corporación Española después de desayunar tinto con barras granuladas nos encontramos con Gerardo, caminando y como buscando algo. Hablamos largas horas y nos fuimos al barrio Getsemaní a tomar cerveza, hasta por la noche. Nos preguntó que cómo iba Playtime, que si todavía seguíamos con el proyecto, que le alegraba mucho que siguiera y que un día iba a volver a Bogotá para seguir con nosotros pero que por el momento quería andar por ahí.  Recuerdo bien que esa noche nos cogieron las cervezas y empezamos a hablar de la charla que iba a dar Harvey Keitel al otro día. También recuerdo que Gerardo dijo: “ese man es una gonorrea en Mean Streets” y yo le dije que sí, y Juan Camilo dijo que también le gustaba en Teniente Corrupto y Gerardo le dijo que “era una lástima que unos productores de mierda se la hubieran cagado con el remake de Herzog”; todos nos reímos y seguimos bebiendo hasta que nos vimos en el bar Europa.

Al otro día llegamos a la charla y Gerardo también estaba. Entramos conmocionados, preparados para “bombardear” al señor Keitel con una serie de preguntas que habíamos preparado en Bogotá. Solo le pudimos hacer dos y al final salimos corriendo detrás de él para concretar una entrevista pero no se pudo. La cantidad de gente que iba detrás de él era impresionante, pueden ver el vídeo que ronda por ahí en Internet. Charry corrió con una cámara en trípode detrás de él para lograr grabarlo respondiendo a una pregunta más pero al final fue imposible. Después de todo ese tumulto nos volvimos a encontrar los cuatro a la salida del lugar (Juan Camilo Moreno, Charry, Gerardo Atehortúa y quien les escribe), frustrados, absolutamente desalmados. Charry miraba el cuestionario que habíamos preparado, solo le habíamos podido hacer dos preguntas, qué mierda, qué desazón. Gerardo también se sintió mal; él no había hecho gran contribución en los últimos meses pero compartía nuestras obsesiones.

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El festival siguió, seguimos yendo al cine, tomando cerveza, desayunando tinto y barras granuladas, tomando cerveza de nuevo, almorzando donde una señora llamada Sixta y tomando cerveza otra vez. Como a los dos o tres días del suceso con Harvey Keitel apareció Gerardo con una botella de ron de Medellín, una noche, la misma en la que fuimos a ver Los rebeldes del futbol.  Gerardo estaba muy borracho, tenía los ojos vidriosos y las manos temblorosas, nos chifló, y cuando miramos nos llamó con sus manos escuchimizadas y fuimos de inmediato, lo molestamos por su estado y nos contó lo siguiente:

Había salido del hostal en donde se quedaba y se había embarcado hacía La Cartagena burgués, por allá por los lados del Club de Pesca, ese lugar que otro amigo nos había dicho que llamaban Miami, (yo sigo creyendo que es pura mierda, que allá no le llaman así a nada); en todo caso que se había comprado una cerveza y un Mustang y en una especie de cafetería o bar se encontró a Harvey Keitel con su esposa y con otros dos que no conocía o que no se acordaba de quienes eran por la emoción. Gerardo le preguntó a Keitel si le podía hacer unas preguntas, a lo que él con total gallardía le dijo que sí siempre y cuando no fueran muy largas. Entonces Gerardo dejó la timidez y se sentó a su lado, sacó su celular y grabó todo, se fue para el hostal y lo transcribió, luego lo volvió a leer y salió a comprar la botella de Ron Medellín con la que ahora nos contaba esa historia.

Gerardo sacó de su bolsillo dos hojas de papel arrugado y vuelto mierda, nos las mostró y quedamos todos en shock. Yo le pregunté que dónde la iba a publicar y él sólo sonrió, se tomó un trago y nos invitó a nosotros otro, y de nuevo nos remató diciendo: les regaló esa entrevista.

Se acabó el festival y como una especie de Señor Hulot se desapareció de nuevo arreglándonos la vida. Un día, tomándonos un trago en Asilo Bar, un viejo conocido nos dijo: “Gerardito se fue para Australia”.

A continuación reproducimos la entrevista que Gerardo muy amablemente nos cedió. Desconocemos cómo terminó la historia de Gerardo y Harvey Keitel esa noche, pero auguramos que fue tan intensa y emocionante como cualquier película en la que haya aparecido nuestro teniente corrupto.

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Gerardo Atehortúa: Usted y Nueva York tienen un gran recorrido. Cómo ha sido su relación con esta ciudad a partir de sus personajes?

Harvey Keitel: Yo nací en Brooklyn y salir siempre a pasear por mi ciudad es como interpretar un personaje. No sabes con quién te puedas encontrar, qué te pueda suceder allá en Nueva York. Siento como si tuviese que asumir un nuevo papel, una nueva personalidad cada vez que me veo metido en alguna pequeña aventura.

G.A: Su vida real es o ha sido muy diferente a la de sus personajes en esta ciudad?

H.K:Mis personajes siempre se han alimentado de esto que te cuento. Muchas veces yo mismo he sido esos tipos que aparecen en las películas de Scorsese y Paul Schrader. Unas veces más que otras, pero creo que conozco ya mucho mi ciudad. He sido chulo, delincuente juvenil, obrero, administrador de mi propio local de tabaco, enamorado…

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G.A: En Blue in the face, cómo fue su experiencia de trabajar con Paul Auster?

H.K: Paul es un tipo con un humor muy inteligente. Estar en el set junto a Lou Reed también fue maravilloso. Fumar juntos, hablar de beisbol y de música. Esta película y Smoke me hacen sentir muy bien con mi ciudad y con el cine.

G.A: El trabajo y la construcción como actor varía al ser Paul Auster un literato?

H.K: Nunca lo pensé. Yo sólo iba a trabajar y a actuar.

G.A: La secuencia en la que habla con Jim Jarmusch acerca de los cigarrillos es muy cómica, se siente uno orgulloso de fumar.

H.K: El tabaco cura el alma del ser humano.

G.A: Usted viene del “Actor´s studio”. Cómo fue su experiencia allá?

H.K: Actuábamos y ensayábamos mucho. Pero el verdadero Actor´s Studio estaba en los camerinos y en las copas que nos tomábamos después de estudiar.

G.A: Todos los papeles que usted ha interpretado siguen la línea de trabajo del Actor´s Studio, o la técnica de Stalisnavski? En qué varía su apropiación del personaje?

H.K: Todos los papeles siguen la línea que yo le he querido dar y la línea que me guía el director de la película. Hay que olvidarse de este u otro método. Hay que apretarse bien las botas y coger al toro por los cuernos, eso es apropiación.

G.A: Usted hizo su debut en el cine junto a Martin Scorsese. Cómo fue trabajar con él en Who´s that knocking at my door?

H.K: Una experiencia maravillosa. Marty realmente es un genio, un conocedor del oficio. Era mi primera película y también la de él, bueno, él ya había hecho uno que otro cortometraje, pero este era su primer largometraje. Tuvimos complicaciones, sobre todo financieras ¿Recuerdas la escena de la cama, en la que yo aparezco con Ann Collette, la que es un sueño? Esa escena la filmamos casi un año después de haber terminado de rodar toda la película. Cuando la producción se vio obligada a financiarse de productores de cine para adultos, y a incluir más desnudos y escenas de cama, con Marty lo entendimos absolutamente y le sacamos el mayor provecho. Marty sin duda es el rey de Nueva York.

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G.A: Se dice que Scorsese crea sus escenas a partir de improvisaciones. Cómo es ese trabajo con los actores, cómo se crea una buena situación?

H.K: Con el set, la iluminación, el ambiente de tensión antes de filmar y algunas buenas groserías.

G.A: Qué película le ha gustado en particular de las que se presentan acá en el festival?

H.K: No he podido ver casi ninguna. La prensa oficial es terrible. No te dejan casi ni moverte. Me gustaría ver más jóvenes enfermos de cinefilia por ahí, que en vez de sacarte fotos y preguntas para los grandes periódicos, me hagan más preguntas cómo las tuyas, y que en sus retinas se sienta el delirio por la pantalla y la proyección.

G.A: La cocaína que consumía en Bad Lieutenant era real?

H.K: Ya sabes que filmamos Teniente Corrupto en sólo 18 días y la mayor parte sin permisos de filmación. Teníamos que movernos rápido y cuando filmábamos sólo estaba Abel (Ferrara), el cámara, el sonidista y yo. Si hubo o no cocaína de verdad, no creo que haya sido más fuerte que el frenesí de la ciudad mezclado con los gritos y la ansiedad de Abel

G.A: Su interpretación en esta película es frenética, usted está realmente al límite, en el exceso. Cómo fueron esos 18 días de rodaje?

H.K: Como un larga y fuerte esnifada de cocaína.

G.A: Ha visto Bad Lieutenant, la versión de Werner Herzog?

H.K: Aún no la he visto. Admiro mucho el trabajo de Herzog y Eva Mendes es realmente una mujer muy sexi. Lastimosamente hubo toda esta disputa entre Abel (Ferrara) y los productores de la película de Herzog. Sin embargo estoy casi seguro que no es tan potente y visceral como la nuestra.

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G.A: Qué opina de los cineclubes?

H.K: Hoy día el buen cine se hace sólo para los festivales. Es una estupidez. El cine se hizo para que la gente lo viera a lo largo de los años, y con el mercado de ahora, una sala de cine convencional tristemente puede ser poca cosa para la distribución de una película. Los cineclubes son los guardianes del cine, son los verdaderos festivales, son el recinto sagrado y perenne donde el cine seguirá viviendo y proyectándose a lo largo de los años.

G.A: Ha visto cine colombiano?

H.K: Rodrigo D me gusta mucho. Es como Malas Calles pero con un sentimiento de desazón que me hiela el alma.

G.A: Su papel en La mirada de Ulises es bastante diferente a otros de sus papeles. No sólo es un personaje qué busca la historia de la cinematografía griega sino que también se busca a sí mismo, de manera íntima en un viaje épico a través de la historia de los Balcanes. Cómo fue su experiencia allí?

H.K: Estar viajando a través de los Balcanes, con ese sentimiento de melancolía, esa mezcla de intriga y paciencia, descubriendo y sintiendo que recorría los mismos pasos de un antiguo pueblo. Ver la matriz, el inicio del cine, desconocido ya para los ojos de esta humanidad contemporánea mientras fuera de la sala caen bombas y las personas se matan por una bandera, por un líder político y por una identidad que no han sabido comprender. Esa fue mi experiencia.

G.A: Qué aprendió de su viaje?

H.K: Aprendí a mirar.

G.A: Admiro profundamente el trabajo de Angelopoulos y particularmente La mirada de Ulises. Cómo era Angelopoulos?

H.K: Con él te podías sentar horas y horas a hablar. Entre las conversaciones se ilustraban pasajes de la Odisea y se recreaban historias de la reciente Grecia. El camino, los barcos, los monumentos, el mar, la humanidad en su más sencilla y profunda crisis existencial. Angelopoulos es uno de los grandes poetas del cine comparable con Tarkovski o Eisenstein.

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G.A: Allí tuvo la oportunidad además de trabajar con Gian Maria Volonté y con Erland Josephson, dos grandes actores europeos.

H.K: Cómo sabes ambos tuvieron que demitir de interpretar el papel por diferentes inconvenientes. La película para mí era verdaderamente estar viajando en busca de la esencia del cine.

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G.A: Qué música le gusta?

H.K: La que toca las fibras más profundas del ser, la que se hace universal a través de los milenios.

G.A: Un consejo a los jóvenes realizadores y amantes colombianos

H.K: Filmar o morir.

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