La noche americana: el rodaje como la vida

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Escrito por Leandro Hernández

“A GERAL”

Recuerdo, una vez más, esa escena de la película La Noche Americana (1973) dirigida por Francois Truffaut;  en la que un niño va caminando por una calle hacia abajo, con traje negro y un bastón en la mano.  Es de  noche, la calle está sola, se ven algunas luces tenues a los lados de la calle y a la espalda del niño, recuerdo su expresión,  ansiosa, a la vez sigilosa y de repente vemos que saca una sonrisa hasta que llega a su destino; una sala de cine. Allí, el niño se agacha y con su bastón jala una cartelera, de esas donde ponen información en las instituciones o conjuntos residenciales, solo que en esta, lo que vemos es una serie de fotogramas de la película  “El ciudadano Kane” dirigida por Orson Welles. Cuando la cartelera está justo al frente de él, el niño toma los fotogramas, los despega con cuidado, rápidamente, es el “golpe de la noche”; cuando ya los ha quitado, el niño los ordena en una pila, los mete bajo su brazo y vuelve a subir la calle, corriendo, feliz. Pero justo antes de ver esta escena, una de mis favoritas por cierto, hemos visto a un Truffaut que está durmiendo, y esta imagen del niño da cuenta de un sueño  que el director viviría en su vida personal y en su vida laboral, dos vidas que jamás podría separar.

Esta película tiene que ver con la realización de un film, (aparentemente), específicamente con su etapa de rodaje, es la película dentro de la película, aunque nunca vemos la otra película, solo fragmentos. Durante el rodaje de esa otra película, Truffaut nos acerca a lo que más le interesa, el ser humano, las personas, y en un rodaje por supuesto que se encuentran varias, con diferentes sensaciones y formas de ver el mundo, de ver la vida y cuando se encuentran y chocan  unos con otros que en ultimas hace parte de las relaciones personales, estos efectos tarde o temprano recaen sobre el propio film.  El rodaje es como la vida, siempre vamos por ahí, haciendo lo que nos toca hacer, lo que debemos y queremos, nos vamos encontrando con personas, circunstancias con las que vamos haciendo nuestra propia película. Por otra parte, la vida también funciona así (solo que “sin tiempos muertos”), episódica; en esta película podemos ver que no hay un conflicto como tal definido, siempre, cada episodio, cada momento tiene su conflicto, (esto me remonta a Amarcord dirigida por Federico Fellini) y cada momento tendrá su desenlace. La cámara seguirá rodando, filmando y todos de nuevo al ataque.

Con esta película comprendería mejor aquello que en una conferencia había dicho el guionista y director Guillermo Arriaga; que las películas no son “de”, son dirigidas “por” y tiene mucho sentido, las películas son de todos, son hechas para la gente, son hechas por gente que lo dejan todo sin pensarlo, cada uno a hacer su trabajo para darle vida a la vida, a “la vida a veinticuatro cuadros por segundo” como  diría Godard, las películas son hechas por todos, desde el que lleva la comida, hasta el productor, porque es gracias al trabajo de todos que las películas marchan se terminan de realizar, se muestran. Cuando alguna de estas cosas no pasa, es porque alguien no ha hecho su trabajo.

Hacer una película, es una sinfonía. Siempre se ha dicho que el cine es el séptimo arte porque reúne a las demás artes, un concepto además trillado por las academias, el cine es cine porque es movimiento no solo como fotograma o imagen audiovisual digital, sino porque podemos ver en La Noche Americana que el movimiento es desde el rodaje, por eso menciono que es una sinfonía, cuyas melodías tienen que estar coordinadas, un trabajo de sincronización. Por otra parte digamos, la arquitectura para mi es un arte, que se evidencia en el cine con los decorados, con las locaciones, con la construcción de espacios, pero a la vez con todos esos artefactos que hacen que la película fluya. Vemos como construyen con madera una plataforma por donde pasará el dolly para filmar encima de una piscina, la gente encargada de esto, automáticamente se convierten en arquitectos, todo tiene que estar muy bien preparado para evitar incomodidades.

Truffaut interpreta el papel del director de la película llamado “Ferrand”,  un tipo tranquilo, que tiene las respuestas para todo, que en ultimas es el papel del director;  bien lo escribiría Buñuel: “un director no puede darse el lujo de decir no sé o no me importa”, porque así mismo no le importaría a nadie. Truffaut nos muestra que la figura del director es una figura meticulosa, que se molesta en mirar el mínimo detalle, por pequeño que sea el movimiento de la puesta en escena repercute en el concepto, en la idea, por eso Truffaut le rinde un homenaje profundo (o eso es lo que creo) al critico y realizador Alaxandre Astruc con su manifiesto del “camera stylo”, donde proponía que los nuevos directores, empezarían a escribir con la cámara como los novelistas con la pluma. Precisamente es lo que hace Truffaut o más bien “Ferrand” que siempre está escribiendo los diálogos de su vida a partir del cine, los pequeños movimientos, como cuadrar las manos de una actriz o pedirle al actor que tome el arma de una manera u otra, son los signos de puntuación que van dando coherencia, que parecen minúsculos pero sin estos posiblemente las cosas perderían el sentido.

Creo que La Noche Americana, como se lo diría Billy Wilder al propio Truffaut, “es una obra maestra”, además considero que sincera, honesta, porque Truffaut profesaría durante su corta (o larga) vida, un amor casi religioso por el cine. Esta película es una fiel muestra de sus teorías no sobre el cine (¿o sí?), sino sobre la vida misma, su relación con las mujeres, que Jean Pierre Leaud daría vida en más de una película, de ahí que se haya convertido en un alter ego del director, su relación con el cine, amorosa, pasional, respetuosa. Su relación con el rodaje de la película, que así como la película misma, el rodaje también es la vida. Por eso es que nos sentamos frente a la pantalla, por algunas horas o minutos, y dejamos que nos absorba, que nos lleve, porque estamos reflejados en ella, el cine nos acoge como una madre, la madre que años después Truffaut descubriría guardando objetos de recuerdo, de la carrera de uno de los niños terribles de La Nueva Ola, Francoise Truffaut, el critico, el ladrón, el director. EL HUMANO.

Debe continuar…

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La magia de la noche americana

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Escrito por Juan Camilo Moreno

Francois Truffaut es uno de los cineastas que más ha demostrado en la pantalla su amor absoluto por el cine. No sólo bastó el ejercer como autor cinematográfico, crítico, no sólo bastó que se colara en los cines para enamorarse de la pantalla, sino que Truffaut ha hecho de su obra fílmica un homenaje al cine mismo. En “Los 400 Golpes” Antoine Doinel roba de un cine afiches de colección de “Un Verano con Mónica” – Ingmar Bergman-, en “Vivamente el Domingo” hay referencias a Kubrick, “La novia vestía de negro” está hecha como una película a lo Hitchcock, en “Domicilio Conyugal” hay un homenaje a Jacques Tati…

“La Noche Americana” aparece como una hermosa y ligera película en honor al cine, a sus creadores, y a su largo proceso de gestación. Hay de todo, está llena de momentos, de personajes, de pequeñas interpretaciones que enriquecen la película. Truffaut no le otorga a nadie un papel protagónico porque, al final, y cómo el mismo lo dice, el cine es lo que cuenta. Desde una atenta asistente de dirección, un productor que declara que en su trabajo hay que hacer todo tipo de labores, una actriz algo veterana que se consuela con el alcohol, un regidor, un doble encargado de personificar la muerte de una actriz, todos en el equipo son los constructores y los artesanos, dedicados y pacientes, de la película. Lo que vemos es una colaboración entre todas las partes para crear el conjunto.

Francois Truffaut se reserva para él mismo el papel del director (Ferrand), persona inmersa en todas las situaciones del rodaje (desde consolar a Julie, poner en su lugar a Alphonse, ser nombrado padrino de matrimonio, hasta dirigir a los actores). Con su voz en off nos enteramos de las dudas de cualquier realizador; su esperanza con la película, con que llegue a buen término, su deseo de mejorar y dar más de sí mismo, su lección de que el director más que todo está ahí para responder preguntas de todo tipo, no importa cuáles sean. El rodaje y el cine no abandonan a Ferrand ni durante el sueño. El cine hace parte de su realidad y de su imaginación, de sus deseos, de sus caprichos infantiles y sinceros. Él mismo, de pequeño, robando carteles de promoción del “Ciudadano Kane” –Orson Welles- como todo un aficionado.

En cada visionado de la película se pueden encontrar más detalles y más personajes que hacen de “La noche americana” una cinta mágica. Hay un personaje del equipo que siempre está comiendo, donde sea que aparezca. Hay actrices que se hacen esperar, hay estrellas, chismes o habladurías que se crean en el estudio. Hay  una mujer entrometida en el rodaje, que no hace nada allí más que vigilar a su esposo a causa de un perpetuo ataque de celos. Esta misma mujer, en un momento de la película, ataca a varios integrantes del equipo acusándolos por sus aventuras sexuales, por sus descaros. A fin de cuentas ahí está la comedia y la tragedia humana, toda representada en una película de un montón de personas tratando de hacer una película, lo que nos dice que el cine nace de la vida misma, de los caprichos, de las venturas y desventuras de cada uno. Los líos de faldas, las habladurías, las crisis personales, el amor entre las personas, el trabajo y las relaciones entre un grupo, todo esto está en “La noche americana” y en “Je vous presente Pamela”, la película que tratan de filmar. Puede que haya grandes diferencias entre el cine y la vida, y de hecho esto es algo de lo que discuten Ferrand y Alphonse, pero es cierto que Truffaut construyó gran parte de su obra fílmica a partir de los hechos que marcaron su vida. Los diálogos para él deben ser también realistas, salidos de las emociones y sentimientos más profundos de cada uno, y por eso cuando Jacqueline Bisset (en el papel de Julie) está deprimida por haberle sido infiel a su marido, el médico, Ferrand, el director, habla con ella y escucha sus lamentaciones. Luego, para una escena no muy diferente de la ocurrida en “la vida real” de la actriz, Ferrand transcribe la palabras de Julie y las pone en un  nuevo diálogo que ella deberá reinterpretar para la película “Je vous presente Pamela”. La realidad y la irrealidad se funden y se complementan la una a la otra. El cine es la vida y así como para Ferrand el cine avanza como un tren, para Alphonse la vida es más importante, y sus líos amorosos constituyen su propia película personal.

Recordemos que Jean Pierre Leud (en el papel de Alphonse) es el intérprete de Antoine Doinel, el personaje creado por Truffaut y Leud en una serie de 5 películas, y, quien se puede decir, es el alter ego de Truffaut, un personaje que conocemos desde la infancia y a través de todas sus posteriores venturas y desventuras amorosas. Y en esta película, aunque no aparece interpretando a Doinel, no podemos dejar de pensar que es nuevamente el espíritu de Truffaut quien está en el personaje de Alphonse. Amante del cine (siempre, en sus ratos libres durante el rodaje quiere ir al cine, incluso contra el deseo de su novia), caprichoso e inestable con sus relaciones amorosas, amante de las mujeres, con un interés peculiar por las actrices, y un culto divino al cuerpo femenino. Alphonse no es más que otra representación del mismo Truffaut, de su amor al cine, de sus amores imaginarios y reales con las mujeres que inspiraban, nuevamente, su cinematografía.

Para terminar quiero recalcar las secuencias que acompañadas por la música, en un montaje hilarante y lleno de emoción, recrean muchos de los momentos que acompañan el rodaje de una obra fílmica. Emocionan y llenan de pasión el corazón de quienes viven por el cine.

La noche americana es una técnica para que parezca de noche a pesar de que se filme de día. Es cuestión de poner un filtro especial delante de la lente de la cámara. La noche americana también es la técnica mágica para poner un filtro delante de la vida, y convertirla a ella en el espectáculo cinematográfico.

Nota curiosa: Antoine Doinel en “Domicilio Conyugal” tiene un hijo con su esposa Claude. Él insiste en llamar a su hijo Alphonse de quien dice, será un gran escritor. A pesar de que Claude se opone al nombre de Alphonse, Doinel termina nombrándolo así.

La experiencia del cine

Escrito por Jhonan Cardona

A veces  no resulta fácil diferenciar entre el espectáculo cotidiano y el espectáculo de tarima, a mi me sucede con las películas sinceras, y posiblemente autobiográficas, que representan al autor y su manera de observar el mundo, oponiéndose a las fuerzas opuestas; cuestionando los métodos de producción de Hollywood y el cine mentira. Francois Truffaut nos revela como disfruta su experiencia de la cinematografía que está tan allegada a su vida, lleva sus conflictos internos a la pantalla; la producción de una película de encargo para la industria, resulta ser un conflicto para el director que ligado a su vida encuentra un cuestionamiento acerca del cine, en donde la necesidad de realizar constantemente una película mas honesta, lo lleva rendirle  un homenaje al cine en general, a los realizadores, actores, espectadores,  y en especial a los grandes mitos del cine que se atrevieron a realizar una obra audiovisual que satisfacen la necesidades artísticas y sociales, y sin dejar a un lado, mostrar su pasión por el cine desde la temprana edad. Pero algo totalmente contrario sucede en nuestra actualidad, desde hace ya unos años, en donde no surge un director que se atreva a romper y cuestionar lo esquemas de producción hollywoodenses, ni a ser honesto de narrar una historia partiendo de su experiencia biográfica, y cultural del país, si no contrariamente surgen películas que estan pendientes de obtener galardón internacional. Es momento de apropiarnos de nuestra cultura, de narrar y aceptar primero desde la casa, si una película llena las necesidades de los colombianos antes de salir a dar la gira mundial, para así apropiarnos de nuestra cinematografía, de nuestro país, y llegar a vivir la experiencia del cine, como lo hizo Truffaut en su tiempo en ¨ la noche americana ¨, nosotros lo realizaremos en la actualidad, para vivir la experiencia del cine.

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