Meteora y la satisfaccion de los placeres de la carne y el espiritu

meteora final

Vea la entrevista realizada por Playtime al director Spiros Stathoulopoulos en el marco del 53 Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias en donde tuvimos la posibilidad de ver Meteora y de charlar con su autor.

por Leandro Hernández

METEORA quiere decir “Suspensión” y es bajo esta palabra que se debate el sentimiento de los protagonistas de esta película, sentimientos debatidos entre lo que ellos consideran como el bien y el mal; Theo y Urania, dos personas que se están ordenando como monje y monja en dos monasterios de esta región (Meteora), al norte de Grecia. Digo que sus sentimientos están suspendidos porque hay algo que los inquieta y ese algo es que se están preparando para dedicar su vida al servicio de Dios, por supuesto que esto trae consigo una serie de imposiciones por la misma ordenanza, por la propia religión castrante, inquisidora, que mal lleva la espiritualidad a los términos de culpa y pecado como algo que tortura el espíritu y que para limpiar esas culpas, esa ignominia hacia Dios, es necesario el auto castigo para conseguir la redención. Pero Urania y Theo saben que hay algo más valioso y eso es el amor, el amor por encima de todo, pero está suspendido, entre lo moralmente impuesto y el deseo. Existe en estos personajes un desafío, pero creo que inconsciente, porque se dejan llevar por eso que es más importante que la orden, que la obediencia, que la regla y es el echo de satisfacer sus deseos de exploración con el otro, deseos de amor, deseos pasionales, que los mueven aun más fuerte y eso es querer amar, eso es querer estar con el otro, solo quieren satisfacer sus placeres, íntimos, instintivos. Somos carne, somos esencia, somos instinto, queremos satisfacer esos placeres.

Yo creo que después de que uno ve Meteora, quiere dejar todo, quiere irse solo a satisfacer eso que está adentro, que quiere salir, que exige salir a gritos y es necesario hacerlo porque está quemando por dentro. Como diría Proust: “Los deseos es mejor satisfacerlos que analizarlos”, es mejor satisfacerlos que castigarlos. Dentro de ese radicalismo impuesto por la doctrina, vale más amar que auto castigarse. Es que cuando se está enamorado, qué importa, no importa nada.

Hay un juego de espejos, reflejando la luz de un lado a otro, así se comunican Urania y Theo, los espejos son la muestra hecha luz de su amor, ese amor que se refleja en la cara del otro y posteriormente se reflejará en el cuerpo del otro; es además romper las barreras de la comunicación convencional, de la palabra hablada o escrita y entonces crear un sistema de comunicación a distancia, capaz de hacer comprender al otro, ese sentimiento.

El primer largometraje de Spiros Statholopoulos fue PVC-1, plano secuencia de 85 minutos en el que vemos la historia de una mujer a quien le ponen un collar bomba y durante estos 85 minutos, vemos en un solo plano, acciones en pro de ganarle esa batalla azarosa a la muerte. El miedo, la angustia, se debaten a lo largo de este plano, en donde vemos gente correr de un lado a otro, niños llorando, personas con capuchas que son quienes le ponen el collar a la señora y todo es un frenesí de dolor, de espera, de miedo. Una película, (como nos lo diría en una entrevista Spiros) “colombiana” y yo creo que no solo por el hecho de que se desarrolle en Colombia, sino por el hecho que es un tema colombiano, y trae consigo sensaciones también colombianas, sensaciones de terror, porque estamos expuestos a la violencia, a toda hora, nadie está exento.

Spiros con Meteora nos trae una película en términos estéticos y narrativos muy diferente a PVC-1, esta película realizada en Grecia, en una geografía además impactante, tiene un ritmo más lento, planos más largos, una propuesta para que nos detengamos a contemplar la espera de Urania y de Theo, la espera de las decisiones, una espera que está matando por dentro, y es que esperar es agónico. Se nos propone detenernos y fijarnos en una geografía que se abre frente a nuestros ojos, ese paisaje imponente que es Meteora, esas montañas inmensas que en un tiempo sirvieron como refugio de guerra, un paisaje al norte de Grecia, que según la mitología, esas montañas fueron enviadas por el Cielo para que los griegos se entregaran al rezo, a la oración, al encuentro con Dios, pero Spiros va más allá y, allí, dentro de esas montañas, nos podemos dar cuenta que el Cielo a conspirado para que se escondan pasiones que en cualquier momento salen a flote y dejan de estar suspendidas en el miedo. Aunque ésta película es griega, como nos contara Spiros, de todas maneras hay pinceladas de su cultura colombiana, como el tema del auto castigo, el echo de subir de rodillas hacia el templo, o descalzo, es una cosa colombiana, que según Spiros, vio en el Cerro de Monserrate, no en Grecia. Estamos presenciando todavía un pedazo de su cultura colombiana.

En Meteora también nos encontramos con unas imágenes animadas, que dan cuenta del estado psicológico de los personajes; hay una en particular que me llama mucho la atención, cuando en la animación de Theo, le clava las manos a la cruz a Jesucristo y empieza una especie de diluvio, de torrencial sangriento que arrastra todo, arrastra a Theo por un laberinto, el laberinto de sus pasiones, de sus culpas, la Sangre de Dios que lo puede limpiar, (¿es posible?) pero no, lo arrastra sin contemplación, Theo siente que ha cometido un error, que ha clavado al Salvador por su beneficio. Otra, no menos impactante, es cuando a la animación de Urania, le crece su cabello hasta el monasterio en donde se encuentra Theo, creando una especie de puente para que Theo pueda pasar y, a la mitad del camino se abre la tierra y Theo se cae, Urania asombrada mira hacia abajo y puede ver las llamas del Infierno, que es lo que le espera por haber cometido una falta a su fe, a su orden de monja. Y luego, vienen los castigos, Urania quema sus manos; el castigo de Theo es de tipo espiritual, pero los dos se someten al castigo de la carne y del espíritu.

Al final no vale castigo, no vale tregua con uno mismo, al final solo importa creer a ciegas en lo que se quiere, en lo que se siente, Meteora, una película provocadora, prohibida, una película que nos pone de cara contra los placeres de la carne.

url

Anuncios

Meteora – Spiros Stathoulopoulos

Meteora

por Juan Camilo Moreno

Meteora -“suspendido en el aire” según su traducción del griego- es una bellísima e íntima película que cuenta la historia de dos monjes del cristianismo ortodoxo en Grecia, quienes a pesar de la religión y de sus luchas internas con Dios, con el deseo, el pecado, y el cuerpo, luchan espiritual y físicamente para poder amarse.

Meteora es el segundo largometraje del autor Spiros Stathoulopoulos luego de su también excelente ópera prima PVC-1, centrada en las víctimas de la violencia en Colombia. En este caso Meteora no es una producción colombiana sino griega, alemana y francesa.

La película es un elogio al amor, al cuerpo y al deseo natural que sienten los seres humanos. El amor que vamos descubriendo en la película es el de dos personajes casi infantiles. Con cariño, comicidad, simple coqueteo e inocencia se van queriendo, se llaman a través del reflejo de espejos que los conecta desde las aparentes construcciones cercanas (verdaderamente lejanas) en las que habitan en lo alto de dos monolitos en el norte de Grecia. El amor y el deseo crecen escondidos bajo la sombra y el reflejo de una iglesia frívola, profunda, silenciosa y mística, en el que parece que la comunicación, las palabras, el corazón y todos los momentos de la vida están sólo destinados a Dios.

El ambiente de ambos monasterios es hermético. Sorprende la dedicación, el silencio y la profundidad en cómo se realizan los ritos religiosos.

En muchos sentidos la obra resulta metafórica. Las bellas y sorprendentes animaciones que hacen uso de la iconografía religiosa y tradicional juegan el papel de un personaje más, el de una extensión del monje Theo y la monja Urania siendo estas imágenes una especie de consciencia mental y espiritual de cada uno de ellos. En ellas vemos la lucha interna, el enfrentamiento de su amor contra la represión de la iglesia a lo natural e instintivo. Cruces, osos, sangre, un laberinto que el monje Theo debe recorrer para crucificar a Cristo y salvarse de la perdición, y así demostrar su amor por Urania, no escondiéndolo o confesándolo ante sus compañeros del monasterio sino revelándolo ante el mismo Jesucristo.

El cabello de Urania viaja hasta la inalcanzable habitación de Theo para llamarlo y seducirlo. Este amor infantil se crea y se nutre de imaginaciones, de miedos y de juegos con una sinceridad auténtica. Es el primer amor. Es el primer deseo. Las libres interpretaciones, los cortos diálogos, la comicidad y el juego de la cena que toman ambos monjes bajo un árbol en la hierba dan cuenta de una historia verdadera, encantadora, universal como el amor mismo, algo no muy lejano para cualquier amante o enamorado que ha visto crecer su amor a partir de momentos, de burlas, de pequeños juegos que sólo entienden y disfrutan los amantes.

Spiros también muestra la relación de los monjes -especialmente de Theo- con la comunidad no religiosa. El ambiente está dado y la inmensa locación da para muchas cosas, no sólo para la fe y un aparente amor prohibido. Un campesino amigo de Theo que pastea sus cabras y toca la flauta, y que parece salido de una película del gran Theo Angelopoulos; alguien lleno de belleza, de vida, años y sabiduría que se escuchan y se sienten en sus palabras y en sus silencios, y en su profunda manera de tocar la flauta, además de ser un viejo confesor para Theo, un padre, un maestro, un Jesucristo de carne y hueso, charlador, inspirador, compinche, alguien más de este mundo que del de allá arriba. Encontramos también a otro amigo de Theo, el carnicero de chivos, quien nos muestra la condición física de los seres, de todos los vivos condenados a morir sea como sea.

La pasión es inevitable y el amor sale victorioso. Escenas de gran composición y belleza muestran cómo el amor se consuma, cómo la vida y el corazón ganan. La obra de Spiros no deja de ser crítica. La metáfora es aplicable a más instancias. No sólo a la religión que, como dice Nietzsche, omite todas las pasiones y conductas naturales por medio de ese extraña vara llamada la moral, sino que también nos pone a pensar de cualquier tipo de impedimento, razonamiento, conducta social o política que priva el poder individual de amar a quien se desee y ser quien se quiera ser.

La película es un llamado al individuo y al amor. A amar y dejarse amar. Meteora es un bello canto proveniente del país helénico de donde el cuerpo y la pasión han sido una enseñanza para toda la humanidad a través de los tiempos.

 

berlinale-4-isup-dans-la-jungle,M69157