Obras para Reconocernos

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Escrito por Leandro Hernández

Hablar de la obra de Raoul Servais, es remontarnos a su infancia, a su exploración primaria como ser humano antes que artista. Raoul Servais tuvo que ver la invasión fascista que bombardeó  en 1940 su ciudad natal, (Odeste, Belgica), hecho que lo conmocionaría y lo marcaria para su obra posterior.  Servais de niño, durante La Segunda Guerra Mundial tuvo que estar al lado de exiliados, de judíos, italianos, franceses, entre muchas otras poblaciones perseguidas durante este periodo critico de la historia de la humanidad, esto causaría un efecto exploratorio, lo haría conocer el mundo y a que estaba expuesto sin necesidad de salir de su casa.

En su obra uno puede ver, sentir, explorar, ese desencanto que trae consigo la guerra, su mensaje anti bélico, que nos sugiere una forma más amplia de percibir nuestro entorno, que de por si, es  muy violento.  De una forma aguda, irónica, humorística, nos enfrenta a muchos de los problemas que, aun hoy nos afectan, tales como el consumismo salvaje que nos lleva a encerrarnos en una bola de cristal, el miedo a la represión, arbitrariedad,  pero no solo existe una critica al colectivo sino al individuo también, a esos aparentes valores impuestos que son rotos por las cosas más triviales, por conveniencia más que por convicción, los seres humanos, como animales, estamos siempre esperando a dominar al más débil para satisfacernos a nosotros mismos y en este sentido se enmarcan una cantidad de fenómenos anti éticos a los que Servais está dispuesto hacerle frente.

Critica de una forma muy aguda, con sus dibujos sencillos en su forma, pero en esencia son muy profundos por ese mensaje que todo el tiempo nos quiere decir que salgamos de ese mundo plástico y manipulado por los medios de comunicación, por esa polarización  que estamos viviendo, esa fragmentación a la que nos ha llevado el consumismo, nos aleja de nuestros semejantes y el sistema colapsa, cada vez más colapsa en fragmentos cada vez más grandes y perjudiciales.  Hombres y mujeres lectores de este pequeñísimo documento, ustedes lo saben y nosotros lo sabemos, a la sociedad se la está carcomiendo una terrible enfermedad, como un cáncer que no deja nada vivo a su alrededor, esta enfermedad esta siendo gestada desde los laboratorios de la indiferencia, con su atmosfera oscura, agobiante, claustrofóbica como algunos cortos de Servais, pero ahí está ese arte, que cura, que cierra un poco las heridas por largo que sea el proceso, en momentos como ese, en que tenemos que enfrentarnos a la historia por dolorosa que sea, ahí aparecen obras como la de Servais listas para reconocernos.

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El Arte Libera

Escrito por Juan Camilo Moreno

Raoul Servais creció en medio de la fantasía, de un mundo diferente que se proyectaba en el almacén de cristales y porcelanas que llevaba su padre en el pueblo de Ostende, Bélgica. El padre de Raoul compartía con él todas sus aficiones. Cada domingo proyectaban películas en 9.5 mm donde Raoul conoció al Gato Félix y a Buster Keaton, y empezó a interesarse en la imagen y en sus modos de representación. El almacén, que ocupaba todo un primer piso de un antiguo hotel, además de estar lleno de todo tipo de objetos tenía grandes cavas y hasta pasajes secretos por donde el realizador y animador belga debió haber pasado muchas horas de juego e imaginación.

No es de extrañar entonces que la primera cámara de cine que tuviera Raoul Servais fuese hecha por él mismo en una caja de cigarrillos, que su universo visual esté dotado de un gran número de personajes fantásticos, de elementos u objetos que cobran gran simbolismo en sus historias, y de que su obra como animador no se realice en un par de formatos o técnicas, sino que cada obra haya sido creada a partir de una técnica diferente de animación. Algunas de ellas tienen confesadas influencias artísticas (como es el caso de Magritte con quien trabajó o de Paul Delvaux, al que dedica “Nachtvlinders”). Servais incluso inventó y bautizó una técnica de animación: la Servaisgrafía (1) . Servais es entonces un asiduo y apasionado buscador de formas, colores y medios de expresión. A través de su obra ha contado con el apoyo artístico de diversos animadores, ilustradores, pintores, etcétera, con los cuáles ha trabajado y ha dejado claro – y él mismo lo dice- que el medio de expresión, la técnica o lo que sea, a fin de cuentas, no es más importante que el mensaje que se quiere dar.

Lo que Servais propone es una pelea entre dos mundos: el sistema, la gran ciudad, el dinero, el poder y los medios en contra del ser humano. Las historias transcurren en un mundo artificial, a veces gris, rojo o azul, casi monocromático, donde habitantes o seres autómatas viven en silencio y sin un aparente interés por las cosas. Este mundo está dominado por el poder y por la angustia que el gran y desconocido sistema ejerce contra sus habitantes. Son lugares muertos que esperan un atisbo de libertad por parte de alguien, lugares que claman por un cambio, por un grito, por una patada que rompa el letargo.

Esta patada se da y usualmente la lanza algún personaje que parece venido de otro lugar o de otra naturaleza. Estos personajes no vienen solos, sino que los acompañan objetos y símbolos que realzan el poder individual y autónomo de cada uno de ellos. El caballo y la caja de música en la “Fausse Note”; el bufón que llega a salvar al pueblo contra un régimen injustificado en contra del color en “Chromofobia”; la sirena y el flautista en “Sirene”; la mariposa que crea el movimiento y la alegría en “Nachtvlinders”; la luz que representa otro mundo, una esperanza en “Atraksion”.
Estos personajes y símbolos son casi siempre referentes del mundo artístico y fantástico. Es como si ese arte, ese más allá, redimiera y liberara al individuo, lo hiciera vivir más apaciblemente dentro del gran mundo opresor y lo hiciera consciente de su humanidad.
Servais a través de su obra hace una gran alegoría y burla al mundo. La imposibilidad de ser aceptado en una sociedad totalitaria y el rechazo que esta ejerce en contra del hombre. El miedo, la violencia e indiferencia frente a lo que no conocemos. La avaricia y un deseo casi desaforado de parte de la cultura dominante y de los medios de comunicación por inundarlo todo de material basura, como en el caso de “To speak or not to speak”, donde los encargados del llamado Establishment promulgan y convierten casi en credo mensajes, eslóganes e imágenes de falso contenido con el fin de controlar a la sociedad y de callar sus opiniones y de, en últimas, eliminar su individualidad y capacidad de raciocinio y locura, como si de método Ludovico se tratara.

Los personajes de Servais no siempre salen victoriosos de sus muestras de libertad. No son ganadores en el mundo en el que se manifiestan. A fin de cuentas no son escuchados, vistos y aceptados. Como podrán ustedes ver en los cortometrajes, estos personajes irán a parar en otro lugar, mundo, realidad o como se le quiera llamar donde, con su consciencia y arte propio, cada uno podrá forjarse una mejor vida.

El mensaje de Servais es quizá una invitación para cada uno. Para que cada uno no cese la búsqueda de libertad y de expresión. Es un compromiso individual en el que buscando un mejor lugar y una mejor manera de vivir, todos, en común, podremos gozar de la libertad y del arte.

El arte y lo fantástico liberó a los personajes de Raoul Servais. Servais nos liberó y nos lo mostro esta noche. El resto ya depende de cada uno.

(1) “La Servaisgrafía es un sistema ideado por Raoul Servais que permite la integración de actores capturados en acción real en fondos creados gráficamente. La técnica se basa en la captura de los movimientos de los actores, en un estudio totalmente blanco con película en blanco y negro. Tras seleccionar algunas imágenes de esta captura, los fotogramas se imprimen en acetatos y se pintan por la parte de detrás, al igual que los tradicionales dibujos animados. Los acetatos pintados se filman de nuevo sobre los nuevos fondos.” Sara Álvarez Sarrat .

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