Rebelde sin causa y la ausencia de algo

_40859728_deanrebelEscrito por Leandro Hernández

Desde el primer momento, desde ese primer plano, en el que vemos a Jim (James Dean) recostarse en la calle y arropar a un miquito de juguete, estamos frente a la presencia de la soledad, de la ausencia y de la angustia, además de estar frente a la figura de la ebriedad, esa misma que nos tranquiliza por momentos y luego es como un detonante, que frente a la mínima situación estalla. Vemos a Jim borracho, cerrando sus ojos que piden compasión y una sonrisa que nos dice que todo está pasando, que ha encontrado la compañía ideal. La compañía de un miquito de juguete que al darle cuerda empieza a tocar durísimo, unos platillos que lleva en sus manos. La compañía perfecta porque a menos que se le de cuerda, éste permanecerá callado, solo escuchando, aunque no tiene que escuchar mucho tampoco, solo que Jim poco a poco va llegando al suelo hasta quedar dormido, solo ese sonido de un cuerpo cansado, de una chaqueta de paño que choca contra el suelo frío. Terminan los créditos iniciales y en la siguiente secuencia vemos a Jim en una estación de policía siendo conducido por un agente que lo ha visto durmiendo en la calle, borracho y siendo menor de edad; lo único que pide Jim cuando le quitan sus pertenencias, es que le dejen al miquito; como yo lo veo, ese objeto que además de acompañarlo, lo devuelve a su inocencia, la que una vez tuvo o que seguramente aún tiene, pero se esconde dadas las circunstancias, porque Jim es un ser humano maravilloso, que lo único que quiere es compañía y que no lo agobien, tampoco que le llamen gallina.

En la estación de policía también vamos a conocer a John, más conocido como “Platón” (Sal Mineo), un jovencito solitario que busca llamar la atención pero rayando con el absurdo, con la crueldad; está en la estación de policía porque lo han pillado matando a unos cachorros, esto como una muestra de la rabia que lo alberga porque su madre no está, su papá tampoco, y su única compañía es la señora del servicio de su casa, una casa elegante, de corte burgués, pero en la que falta comprensión, la compañía y el amor. La señora del servicio en un momento le dice a quien está interrogando a John, algo como: “Uno como madre no debería dejar solo a su hijo el día de su cumpleaños… es que hoy está cumpliendo años”; un día en el que John debería estar divirtiéndose, en el que debería estar riendo, lo está pasando en una estación de policía. John no habla, está furioso, y así lo vemos durante la película, con una rabia tal que solo se le pasa cuando está unos momentos con Jim quien se ha convertido en su amigo y con Judy (Natalie Wood).

En esa misma estación se encuentra Judy, quien ha tenido una discusión con su padre y se ha ido de la casa. Un padre del que nos damos cuenta, no es sino un sujeto rudo, que se opone al cariño de su hija, y en una escena vemos como él la golpea en la cara porque ella le da un beso en la mejilla, como un llamado de atención a su hija, porque cree que ella ya está muy grande para ese tipo de cosas y de manifestaciones amorosas, ella solo quiere entablar una relación de amor, de fraternidad padre-hija, pero su padre, que es un cabrón, se opone por tomar medidas como esta, golpear a su hija por un beso.

 

La estación de policía entonces se convierte en el lugar donde se encuentran estos tres personajes, que en apariencia son diferentes, pero en esencia son la misma cosa, tres jóvenes solitarios que lo único que buscan es la tranquilidad, el cariño y compañía que no tienen en sus casas. Buscan esa figura de la familia. Es por eso que John en un momento ve a Jim y a Judy como sus padres, porque están con él y se molesta cuando siente que lo han dejado solo, porque no se acostumbra y no se hace a la idea de la soledad que ya es propia de él, un individuo a quien todo le importa poco, porque él le ha importado poco a los demás, pero ve en Jim una figura de comprensión, ve en él un sujeto confiable, con su carácter rudo y de no dejarse molestar por nadie ni nada, y que aunque está desbaratado por dentro, lo ve como una figura paterna, de autoridad, tratando de suplir la figura verdadera del padre pero que no sabe dónde está y que tampoco se ha hecho presente. Es por eso que anteriormente me refería a Jim como una persona maravillosa, que desde el primer momento intenta proteger a John aun sin conocerlo, y aun estando en un momento crítico, desesperanzado, intenta salvar a su amigo. Jim es ese nuevo héroe del cine, ese que puede sacrificarse por otro, pero sin dejar de ser un humano, un humano vuelto mierda, alejándose de los valores impuestos, como Travis Bickle de Taxi Driver (Martin Scorsese /1976), un ser humano demasiado humano, con el que nos podemos identificar.

Las circunstancias son crudas, les exige sacar lo peor de ellos, una cantidad de miedos, de complejos, que en un momento estallan, el desespero como un catalizador para que revienten en angustia y en violencia.

Nicholas Ray en su niñez, sufriría el abandono paternal, es por eso que como espectador siento en la película toda la honestidad del caso en el tema aquel de la familia desestructurada, se siente de verdad, uno está asistiendo a ver y a sentir esa ausencia, porque Rebelde sin causa está enmarcada en buena parte en la ausencia de ideales, de familia, de amistad, de otro poco de cosas, que desembocan en la tragedia, esa que nadie espera, por lo que ninguno de sus personajes puede afrontar, solo la construyen poco a poco, sin ser conscientes. Nicholas Ray sabe de qué está hablando cuando pone en entredicho la crisis de la institución familiar que lleva a la crisis de la otras instituciones.

Rebelde sin causa es para mí una película poderosa, por su honestidad, por su actualidad, porque generación tras generación, nos vamos a encontrar con esta misma crisis, que fácilmente puede terminar en la fatalidad, siempre hará falta algo.

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