Polanski

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Escrito por Leandro Hernández

Hablar de la obra de Roman Polanski , necesariamente se pasa por una serie de vicisitudes por las que ha pasado el propio artista. Un hombre que ha estado envuelto por unos sucesos que ningún ser humano quisiera vivir, una guerra injustificada, persecución y la irracionalidad del fanatismo entre muchas otras seguramente. Desde su infancia, tuvo que vivir y sentir todo lo generado por el exilio, ya que era proveniente de una familia francesa y judía y recién estallaba la Segunda Guerra Mundial, él, junto a su familia, se mudan hacia Polonia creyendo que encontrarían refugio, pero la invasión Nazi, empezaría justamente por Cracovia, el lugar en donde residían los Polanski. Dicho suceso seria la sentencia a otra serie de sucesos que marcarían la vida del artista. El ser desplazado a la vez que humillado, por un grupo militante, que poco a poco se iba tomando el poder político de buena parte de Europa; pienso que iba generando cierto sabor de venganza y resentimiento en la mente del joven Roman, que por supuesto se iría gestando y creciendo cada vez más, sobre todo cuando arrestan a su madre y es llevada al campo de concentración de Auschwitz y es asesinada allí en una cámara de gas, mientras que su padre, tenia que pasar los días  encerrado en otro campo de concentración, mirando, impotente ante la situación a la que estaban expuestos y no podía  hacer nada. El joven Polanski, iba de casa en casa, auxiliado por diferentes familias que lo socorrieron, sin embargo, creo que dicha situación pudo haber ensimismado a Roman Polanski.

Tiempo después, al terminar la guerra, Roman Polanski consigue empleo en algunas obras teatrales y radiales, y es allí donde empieza su carrera como creador de historias.  Historias que según muchos críticos están enmarcadas dentro de un ambiente claustrofóbico, como el caso de “El cuchillo en el agua” (1961), la historia de tres personajes que van en un barco, el barco seguramente estará desarrollado como otro personaje; pero esta claustrofobia responde al encierro sufrido por Polanski y todo ese resentimiento que mencioné antes, un sentimiento que lo ensimisma y la única salida es la creación ,de sus miedos, de sus alteraciones, de sus recuerdos, que si bien dolorosos estaban abriendo un espacio dentro de la creación, por supuesto que nada justifica el dolor por el que tiene que pasar un niño y sobre todo por culpa de una guerra absurda.

En el año 68,  sale  una de las mejores películas de horror con mezclas de suspenso,  “El bebé de Rosmery” (1968), película que entre otras cosas se convertiría en un referente de la cinematografía.  Por esos días, Polanski  se casa con la actriz y modelo Sharon Tate, una mujer hermosa que queda embarazada. Polanski viaja a Europa para empezar la preparación de una nueva película y es sorprendido por una noticia que lo despedazaría; su esposa ha sido cruelmente asesinada por un grupo de fanáticos y seguidores del psicópata Charles Manson.  Dicho suceso aleja a Polanski de las películas por un tiempo largo, porque de nuevo la desgracia llegaba a su vida, como si fuera una enfermedad incurable que no lo dejaba en paz desde su infancia y que siempre venia con fuerza dispuesta a desbaratarlo, Polanski no tenía defensas.

Años más tarde, sería acusado de violador, supuestamente por haber abusado sexualmente de una menor de edad en la casa de Jack Nicholson después de tomarle unas fotografías como modelo. El caso nunca se comprobó, más allá del testimonio de la mujer, Polanski  tuvo que pasar veinte días en un centro de reposo mientras le hacían exámenes mentales, queriendo comprobar que Polanski no era una persona con sus capacidades completas para vivir en sociedad. La sentencia fue de noventa días, pero él no las cumplió, porque demostraron que estaba bien y mientras se comprobaba el caso le dieron arresto domiciliario, en ese tiempo Polanski se exilia de Estados Unidos y vuelve a su natal Francia. Por supuesto que no lo dejaron de perseguir como él no dejaría de hacer películas, tras un largo de tiempo de estar en la sombras. En el año 2011, Polanski es arrestado en Suiza y tienen la intención de extraditarlo a Estados Unidos, pero es respaldado por el gobierno Suizo y no deja que lo extraditen alegando que no se ha comprobado que Polanski no haya pagado la sentencia impuesta hace más de veinte años.

Muchos son los adjetivos con los que se ha descrito la figura de Polanski, desde genio hasta violador, desde maestro hasta degenerado, pero es como si dijéramos que la figura del mítico bajista y vocalista de la banda Pink Floyd, radica en su persona, que  es recordado por quien es, seria caer en la mentira absoluta, como persona Roger Waters tiene una fama pésima,  que además ha sido criticado por su enorme ego pero su música ha trascendido las fronteras generacionales y es por eso que es admirado, pero no sabemos en realidad quién es Waters. Así pasa con Polanski, no sabemos a ciencia cierta quién es, este articulo solo da cuenta de algunos sucesos que por supuesto marcarían la vida de Polanski, y más que como artista, es como ser humano, como persona; lo que si sabe es que ha marcado la historia de la cinematografía, su nombre es lapidario y perdura, y no solo porque como espectadores recordemos esos sucesos,  algunos tristes y otros bochornosos, sino porque es innegable su genio como artista , porque nos encierra y nos pone ante unos sentimientos delos que no estamos exentos como en el caso de “Repulsión” (1969) con la fascinante Catherine Denueve, cuyas obsesiones y el encierro en un apartamento, la llevan al delirio, y son casos como este cuando nos encontramos con la obra de Polanski, que no sé si nos cuestione, pero si nos hace sentir que estamos frente a un director humano, honesto, que siente, pero antes que nada, que tiene miedo tal y como nosotros.


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Callejon sin salida

Escrito por Juan Camilo Moreno

“Siempre que he estado feliz también he tenido sentimientos terribles” R. Polanski

El ojo está puesto sobre Roman Polanski, lo ha estado siempre y seguramente lo seguirá estando: el ojo de los cinéfilos, los interesados por su cine y por su historia, pero también el jet set, la prensa sensacionalista, los juzgados, y un interminable número de cámaras fotográficas y periodistas que siempre estuvieron dispuestos a chupar cualquier comentario o confesión del realizador polaco nacido en París en 1933.

Pero eso es otra historia. Para ilustrar de buena manera queda recomendado el documental “Roman Polanski: Wanted and Desired” del 2008 dirigido por Marina Zenovich.

Lo que interesa, más bien, es que Polanski es el que ha tenido el ojo puesto sobre el mundo y sobre el visor de la cámara desde 1955, año en el que empezó a rodar cortometrajes en la escuela de cine de Lodz, Polonia. Desde allí Polanski trata temas que serán constantes en su cine y que vienen dados por su experiencia de vida en la segunda guerra mundial, pero también por sus obsesiones que parecen ser más grandes que él, por su ironía y por el sentimiento de ser alguien diferente, alguien a quien siempre están observando, alguien que no pertenece a algún lugar o a alguna familia. Recordemos que vivió en un gueto de judíos, que su madre murió en Auschwitz y que su padre estuvo encerrado varios años en otro campo de concentración mientras Polanski estuvo vagando por Polonia, refugiándose en bosques y en diferentes casas con el miedo de ser encontrado y juzgado como judío y polaco.

Lo que más destaca en los cortometrajes de Polanski es la creación de una atmósfera o universo visual. Dicho universo está lleno de detalles, de objetos, de caras y expresiones que lo hacen único; y está también construido por algo muy particular que Polanski explotó desde temprano: el sonido. Algunos cortos son mudos, otros tienen sonido directo y otros van acompañados de piezas musicales en la totalidad del metraje. En cualquier caso –incluso en el mudo-, el sonido refuerza la intención abrumadora, hermética, intensa y paranoica de todos los cortos. El ruido, el bullicio o la pasividad nos concentran en ese espacio particular que Polanski crea. Este es un recurso que seguirá usando y que destaca sobre todo en su segundo largometraje, “Repulsión” de 1965.

Los personajes son pintorescos, son seres alienados que no tienen comunicación con los otros, son seres solitarios que resaltan sus deseos y su intención de hacerse notar, de hacerse una parte en el mundo y en la sociedad que los rodea, los ignora y los suprime. Esto es claro en “Dos hombres y un armario”, “Interrumpiendo la fiesta” y en “Le gros et le maigre”, donde los personajes luchan sin buenos resultados por hacerse ver y hacerse valer. Cada uno está subordinado a un mundo que los ignora y al que ellos creen pertenecer.

Desde los muñecos que cobran vida en “La Lampara”, cada personaje trata de cumplir sus deseos u obsesiones de manera  íntima y pasional. Todos son unos rebeldes que desean descansar en sí mismos, en su propio placer y comodidad. El voyerista en “Una sonrisa” lo hace. En “El quimérico inquilino” de 1976 cuyo papel interpreta el mismo Polanski, el personaje vive agobiado por lo que cree y especula del mundo exterior mientras que se refugia en su propio apartamento y en su propio miedo. Y si vemos este tema es general en el cine de Polanski (Repulsión, Rosemary´s Baby, The Tenant): el miedo a lo que está afuera, la incompatibilidad del individuo con el mundo, con el grupo o la masa, y los demonios y terrores mentales que se crean a partir de ello, la alienación que ese mundo hermético genera. El individuo se siente obligado, perseguido, observado, y este sentimiento -cierto o no-  vive dentro de la cabeza del personaje que  termina persuadiendo su paranoia y escondiéndose en otro tipo de  obsesiones que terminan siendo al final más grandes que él mismo y terminan ganando la partida.

Hay una clara distinción de los espacios en los que transcurren las historias. Los interiores y los exteriores que caracterizan igualmente el espacio interior y exterior del individuo, lo que pensamos por dentro pero el cómo nos expresamos afuera y el cómo ambos a veces van en direcciones contrarias.

El humor está también muy presente en la obra. Es un humor absurdo, teatral y caricaturesco que nos da cuenta de nuestro propio papel, de qué tipo de relaciones mantenemos con los otros, lo que aceptamos e imponemos y de todo el absurdo de nosotros mismos. El cine de Polanski es una lucha entre el que está adentro y afuera, el jefe y el empleado, el que calla y el que habla.

Ironía y violencia. Los demonios interiores que tenemos todos por el simple placer de ver.

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