This story was based on fact. Any similiarity with fictional events or characters is entirely coincidental

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Escrito por Juan Camilo Moreno

Austin – Texas es la ciudad adoptiva de Richard Linklater, el director de Slacker. Allí ha rodado “Dazed and Confused”, “Waking Life”, “La escuela de rock” y “Slacker”. Linklater conoce la ciudad, sus gentes, sus mitos, sus rarezas. Conoce de antemano por qué a Austin se le reconoce por su gente extraña, “weird”, “misfit”, y “slacker”, término usado para referirse a los perezosos e inoficiosos. Estos raros, sin embargo, no representan únicamente a los jóvenes de Austin sino también a los de toda la generación de los 90´s no sólo en EEUU sino también de buena parte del mundo, e incluso sigue representando a la juventud de hoy día, la del siglo XXI, donde todo es más incierto, donde hace falta escabullir para encontrar el sentido de las cosas, donde la comunicación –paradójicamente- es escasa.

Slacker presenta una ciudad y una juventud plural, heterogénea, que en sus relaciones, en sus días que pasan, y en sus conversaciones esporádicas dejan vislumbrar una marginalidad social y política resultado no sólo del nuevo mundo tecnológico que se estaba –y se sigue- viviendo, sino también de un desinterés y un rechazo hacia la americanidad, hacia el “white trash”, hacia las viejas generaciones y los pensamientos retrógradas. Es un desinterés hacia una ciudad y un país en el que no se sienten involucrados, en el que parece que nadie los tomara en cuenta.

En esa ciudad se dan cita nuevas maneras de amar, de pensar, de filosofar, y se dan cita también pensamientos y remordimientos comunes a este nuevo mundo: teorías de conspiración y secretos de Estado especulados por ciudadanos que poco o nada tienen que ver directamente con el Estado mismo o con algún movimiento político; fanatismos que quieren hacer justicia por su propia mano y voluntad sin un mínimo de consciencia, como el joven que va alardeando en su carro acerca de la necesidad del uso de armas.

Es la nueva generación que se encuentra perdida en la total libertad de pensamiento, en no saber dónde posarse, en la dificultad de definir qué partido tomar, por qué posición optar, por qué causa dar la vida. La contradicción del nuevo mundo acecha. No hay nada cierto, no hay nada perdurable; hay tantas posibilidades políticas, ideológicas. No sabemos si encerrarnos, si salir, si gritar o escribir. Y el mayor conflicto individual y común sigue siendo el mismo desde hace bastante tiempo: el de tomar acción directa, el de evolucionar los pensamientos hacia algo verdadero, algo palpable, algo que percuta al mundo ¿Pero cómo? De nuevo se encuentra uno con tantas propuestas, con tantas diferencias, con un Estado y un poder que se supone que gobierna y al que quizás no se sabe cómo acceder; se encuentra uno con tantos jóvenes que apuntan con métodos y objetivos diferentes, con tanta comicidad, con tanto fanatismo, con tantas causas verdaderas, con tantos verdaderos luchadores.

La juventud florece. Hay fracasos y hay esperanzas. El arte existe. Existe también un arte posmoderno muy salpicado de vacuidad y falto de contenido. Existe una marginalidad al mundo adulto, al laboral, a lo que sale en la televisión y en los periódicos de masas.

Y cada uno anda en su vida. Cada uno tiene el derecho de hacerlo. Cada uno crea su propia realidad paralela como dice el mismo Linklater en la primera secuencia de la película. Slacker nos hace conscientes de la ciudad, de la comunidad, de los cientos miles millones de habitantes que conviven, se conocen y se desconocen en cada minuto del día. Freaks, raros, cada quien con su teoría y con su idea de cambiar las cosas. Es un hecho máximo del individualismo, de cómo cada quien se va armando su propio florecer cultural, de cómo cada quién es el encargado de crecer interiormente.

Austin es Bogotá, es Cali, es Nueva York, es todas las ciudades. La juventud, la libertad, el amor, la depresión, el miedo al rechazo, a la sociedad, al exterior, al fracaso, el arte, los deseos de crecer, de triunfar, la conspiración, los excluidos, los populares. Slacker es un increíble retrato actual.

El momento mágico y único de la juventud, el de los errores y los triunfos, el del aprendizaje; donde buscamos compañía y apoyo en nuestras ideas, donde buscamos satisfacer nuestras necesidades y nuestras aspiraciones de felicidad y de desarrollo. Somos unos desentendidos hasta con nosotros mismos. Quién nos va a poner atención, quién nos va a tomar en serio? Todos andamos tratando de afirmarnos, andamos buscando algo en que creer más que en nuestro consciente pero tortuoso e indescriptible sentimiento de lo difícil que es comunicarnos y asociarnos.

Quizá haga falta dejar la pretensión, dejar de pensar tanto la cosa, disfrutar, no poner barreras y prejuicios frente a los otros. Salir con los amigos, reírse, gritar, rodar en cámaras de 8mm y finalmente tirarlas al agua para ver como el mundo gira y gira y allí en un instante encontrar la belleza que nos comunique a todos y nos entere de que todos andamos buscando lo mismo, un momento apacible, un momento en acuerdo, un momento que valga el día y que nos explique que no estamos tan solos como parece. Que todos reaccionamos ante el mismo estímulo.

Slacker es una de las películas más atrevidas e innovadoras del nuevo cine independiente que se estaba dando en EEUU en la década de los 90´s. Harmony Korine, Larry Clark, Kevin Smith, Jim Jarmusch, Richard Linklater. Un nuevo mundo asqueroso, inoficioso, surrealista. La juventud debe tomar la batuta y tocar un fuerte rock´n roll.

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Unos van, unos vienen

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Escrito por Leandro Hernández

Todos esos personajes  empiezan a pasar frente a nuestros ojos, los vemos a través de esa pantalla que nos deja como hipnotizados, porque tarde o temprano nos sentimos identificados con alguno de estos personajes, que tienen unas ideas en apariencia “extrañas”, “absurdas”, “descabelladas” y pongo estos adjetivos entre comillas porque no son ni lo uno ni lo otro, son las conversaciones del cotidiano, de una sociedad  trastornada por los hechos  que vamos viendo a través de ese ataque constante que nos hacen los medios, la publicidad maliciosa;  en fin,  todos esos aspectos que  nos vuelven sumisos frente a esta sociedad de consumo tan descarnada y descarada.  Hace poco dirigí un cortometraje que tenia que ver con las vidas de unos muchachos encerrados, más allá de las cuatro paredes de un apartamento, eran muchachos encerrados en si mismos,  por el desespero, por la rabia, por la soledad,  y puedo ver algo de Slacker en estas aproximaciones,  la vida de una sociedad encerrada, mediocre, triste, porque aunque no parezca, y así las “encuestas” digan que somos “el país más feliz del mundo”, en realidad es que somos un país triste, y todo viene dado por unos parámetros de desigualdad a los que no podemos ser ajenos, hace parte de nosotros,  Slacker nos lo muestra, ese entorno, en el que hay risas, aparente tranquilidad, en realidad es el entorno de la indiferencia, que nos lleva a estar encerrados en el individualismo y en ese sentido, como se dice popularmente “NOS IMPORTA UN CULO”, pero no es que no nos importe de la manera más filosófica, “Nietzscheana” si se quiere, no nos importa porque estamos tan encerrados en nosotros mismos, que el otro, viene y así mismo se va, “si te vi no me acuerdo” y nos vemos;  viene otro momento y ojalá se vaya rápido,  y volvemos a nosotros y solo a nosotros, e implantamos lo que creemos está bien, y a toda costa queremos satisfacer nuestro ego,  que se suba, y lo decimos sin piedad, sin remordimiento, sin respeto.

Creo que una de las cosas más importantes en esta obra, es el hecho que Linklater, trata a sus personajes con respeto, unos van otros vienen, se quedan, se van, pero nunca se siente que haya una especie de prejuicio o juzgamiento. Cada seguimiento de los personajes nos va adentrando, nos va mostrando de una forma para nada superficial, a unos personajes que desnudan sus emociones,  que se muestran como cualquier joven, como cualquier ser humano,  sin plasticidad, sin manipulación, ellos, obviamente están actuando, pero se puede ver algo de cada uno, de la propia persona.

Slacker nos muestra vidas atrofiadas, afectadas, por alguna u otra cosa, el desamor, el maltrato, la soledad, el abandono,  la especulación; al punto de que  hay personajes que tienen que inventar una historia sobre sus vidas, para hacerla un poco más interesante, más llamativa frente a los ojos de otro, menos patética. Vidas que llegan y se van, unas de una forma más violenta que otra, pero es el encuentro con la realidad, esa realidad que pesa sobre esta sociedad, que nos aplasta, que al parecer no tiene salida, entonces no nos queda otra alternativa que buscarla nosotros,  y esa escena maravillosa en la que hay una conversación entre una mujer y un hombre  en la barra de un bar; el hombre invita a la mujer al cine, a ver Blow Up dirigida por Antonioni, y luego cita una frase de Godard y en dos frases, (de repente otra más) este personaje nos hace ver que una de esas salidas es la sala oscura, vislumbrando la imagen en movimiento. Slacker no es una salida, (puede que si), pero creo que es más bien la entrada, no para la reflexión, sino para la aceptación, de que hoy chocamos, y mañana de nuevo lo haremos, eso es evidente, nos seguirán aplastando, pero aceptemos que le podemos hacer frente, es por eso que esa escena final  hace un llamado a la esperanza, en medio de ese contexto doloroso,  trágico, violento, de una juventud que pide a gritos garantías.

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Afiche Slacker