Paraiso perdido

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEscrito por Juan Camilo Moreno

La película que hoy nos reúne en la sala del cineclub es considerada como una de las últimas obras maestras del cine mudo, y no es para menos, ya que su realización es todo un hito en la historia del cine, y su concepción fotográfica, dramática y etnográfica son una altísima cúspide que alcanzaron sus realizadores y en especial su genial director F.W. Murnau, su co-guionista R. Flaherty y su fotógrafo Floyd Crosby y claro, sus maravillosos intérpretes, todos nativos de Tahití y Bora-Bora.

Hay mucho para hablar. Esta fue la última película de F.W. Murnau, quien murió mientras trabajaba en la banda sonora de la película, en el año 1931. Originalmente fue un proyecto ideado por Robert Flaherty, el pionero del cine documental quien en 1922 hiciera “Nanuk el esquimal” la primera película considerada documental de la historia del cine. Flaherty había hecho otra película en la Polinesia llamada Moana (1926) y conocía la zona y sus costumbres. Fue él quien le propuso al genio del cine alemán Murnau que se dirigieran allá a rodar Tabú. La historia está basada en algunas leyendas populares y cuenta con todo el exotismo que reina en el imaginario común. Sin embargo, y debido a la concepción y recorrido cinematográfico de ambos autores, las tensiones por el rumbo de la película nacieron y Flaherty, con una idea más documental y etnográfica, quedó apartado de la codirección de la película y fue finalmente Murnau quien se encargó de ella conduciéndola a una historia trágica, fatal, y muy dramática, habitual a su cine y a sus tradiciones germánicas.

Murnau era un experto en el lenguaje visual. Había desarrollado tal expresividad con sus actores, con la luz y sus decorados y con sus profundos dramas, que a través de su cine mudo, quiso que la imagen fuese la principal narradora de historias y emociones. No sorprende entones que Tabú sea una película que haga un reducido uso de los intertítulos explicativos y de diálogos (comunes del cine de esta época), y deje paso casi absoluto a la narración dramática en imágenes. Esto es algo en lo que Murnau fue laborioso, ya que antes hizo una película llamada “La última risa” (1925) sin intertítulos (exceptuando el mensaje de una carta) y luego en “Amanecer” (1927) concibió una historia visual tremendamente original y bella. Su conocimiento de la imagen viene dado por su primario aprendizaje en la pintura germánica y su respectivo uso en “Tabú” se refuerza por la influencia pictórica que ejerció el pintor Paul Gaugin, quien llevó a cabo gran parte de su obra pictórica en la Polinesia y en los mismo lugares donde se filmara “Tabú”, y de quien Murnau transcribiría imágenes pictóricas a encuadres cinematográficos. Murnau quien tambiéndesplazó a Flaherty de la fotografía de la película, llamó a Floyd Crosby (uno de los grandes fotógrafos de Hollywood y padre del futuro ícono musical del movimiento hippie David Crosby) quien compaginó perfectamente con Murnau y terminaron juntos de darle el perfecto toque fotográfico y dramático a la cinta.

La palabra Tabú –originaria de la Polinesia y conocida en el mundo entero—significa prohibido, sagrado, peligroso. La isla de Bora-Bora es tal como lo dice la película, un paraíso. Aparentemente no hay prohibiciones y pareciese que todos pueden entregarse a la alegría, al hedonismo y al gozo absoluto de la naturaleza, la música y el amor. Pero no todo es gratuito y tampoco tan fácil. Alguna ley natural o sobrenatural debe regir la isla y su sociedad. Un poder divino y absoluto debe mandar y coordinar el paraíso, y alguna regla o prohibición, algún tabú debe ser respetado para que el sol siga saliendo y las aguas sigan corriendo. Los dos personajes,Matahi (Adán, el mejor pescador) y Reri (Eva, las más bella) ven interrumpido su idilio cuando Hitu, el sacerdote y jefe supremo de las islas le anuncia de Reri que ella ha sido escogida como la mujer Tabú, un personaje sagrado e intocable quien lleva una carga espiritual inmensa y quiendebe abandonar el mundo físico y placentero del paraíso para regirlo y coordinarlodesde una posición divina ¡Qué desgraciados son los dioses que no mueren y no gozan, y cuán grande es su envidia a los mortales! Matahi y Reri, por voluntad ajena, no pueden amarse más. El castigo es la muerte y el caos. Pero es bien conocida la voluntad humana para luchar contra lo que se le prohíbe, y los amantes no van a renunciar a su amor. Sin embargo el sacerdote Hitu pronostica la tragedia, él es la mismísima representación de la fatalidad que debe recaer en ambos amantes; en ella al deber asumir el cargo para el que ha sido encomendada, y en él el no poder amarla a ella y el estar condenado a la muerte.

Los amantes huyen a otra isla, a un paraíso perdido donde son víctimas de una sociedad capitalista que se aprovecha de su inocencia. Sin embargo Murnau no favorece a un paraíso del otro, a una isla de la otra. En ambas hay maldad, en ambas los deseos individuales deben luchar contra la sociedad, las creencias, el dinero, y el destino fatal que ronda en torno a ellos. Bien sea en Bora-Bora, donde la maldad es la naturaleza y los designios divinos, o en la otra isla capitalista, donde la maldad del dinero y la corrupción amenazan la vida diaria. Allí, en la otra isla, también existe el Tabú, una zona prohibida para buscar perlas ya que está custodiadapor un gran tiburón, y a la cuál Matahi desafía nuevamente para reintentar rescatar su apreciado amor de las garras del destino fatal. Entre las imágenes del “Paraíso” y el “Paraíso Perdido” hay una gran diferencia fotográfica. En el primero todo es luminoso, el sol se posa en el cielo y todo es apacible; en el segundo todo es más oscuro y las sombras, tan representativas en Murnau y el expresionismo alemán, juegan un papel terrible que nos anuncia la desgracia.

El miedo es una constante en el cine de F.W. Murnau. Miedo de ser despedido del trabajo y no ser aceptado en la sociedad; miedo a la luz; miedo a matar a una mujer para amar a otra; miedo a no ser feliz. Se dice que Murnau era un homosexual no declarado y quizá algo de su drama y su angustia vengan de ahí. Es complicado el conflicto entre el individuo y la sociedad, entre el amor que se enfrenta a la naturaleza y la religión. Todas las batallas de sus personajes deben librarse en contra de la naturaleza y del destino, de los hombres corruptos y de un porvenir nada luminoso, y cada personaje anda buscando escapar de esa fatalidad. En mal está presente en deseos y ambiciones que luchan entre sí, y la angustia de existir en un mundo en el que estamos a la deriva se hace cada vez más insoportable.

“Tabú” es una grandísima película quecumplió en su época (ylo sigue haciendo hoy día) con uno de los principios del cine que es abrir ventanas para visualizar otros parajes y costumbres del mundo.

Finalmente la maldición se cumple:Matahi muere y Rari es llevada a ocupar su puesto de reina. La naturaleza ha ganado sobre el ser humano. Murnau, como dije antes, murió mientras terminaba la película, un dato bien curioso teniendo en cuenta cómo se desenvuelve la historia de la cinta. Quizá él también estaba condenado a morir joven, a no poder explorar las ventajas del cine sonoro que estaba en desarrollo, y a permanecer como un mito cinematográfico. Gracias que su cine vive y llora, y renace en las noches como Nosferatu.

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Tabu y la mujer intocable

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Escrito por Leandro Hernández

La película empieza con ese episodio que titularon “PARAISO” y a continuación vemos ese paisaje, el mar, el lago, los habitantes de una isla, (que luego me enteré que era Tahití), habitantes que no desaprovechan ninguno de los beneficios naturales que esa geografía les provee, todo está al alcance de la mano o de la lanza. Vemos a hombres cazadores atrapar con facilidad lo que seguramente será alguna de sus tres comidas o su única comida; en todo caso su alimento, sin pedirle permiso a nadie, solo haciendo uso de sus herramientas.  Luego, en otro lugar dentro de esta misma isla paradisiaca, porque esas primeras escenas nos muestran eso, un paraíso terrenal, vemos unas mujeres bañándose en una quebrada, los hombres deseosos y curiosos, carnívoros, que las ven en estos menesteres,  deciden meterse al agua con ellas, acompañarlas en eso que seguramente será su rutina. Un baño diario y placentero, los nativos arrojándose de una especie de tobogán natural al tiempo que el hombre logra abrazar a la mujer y se lanzan al agua gritando de emoción. Hasta aquí vemos que no pasa mayor cosa, salvo que conocemos a los habitantes de la isla, sus costumbres, su rutina, su hogar.

Éste es el Paraíso, un lugar aparentemente sin complicaciones, sin preocupaciones; digo aparentemente porque en todo lugar siempre existen estas cosas, porque los seres humanos somos adictos a estas, allí, donde al parecer no hay problemas, el hombre se los tiene que inventar.

Hasta este momento no hemos evidenciado mayor conflicto, no hemos estado de cara a la tragedia. Solo hasta que llega Reri, una nativa, la “mujer intocable”, la mujer convertida en tabú por los dioses, esto según el líder de una tribu nativa, que llega en un barco rodeado de muchas otras mujeres jóvenes y una anciana, que al parecer es  una especie de institutriz. Justo cuando llega Matahi, -un mozalbete de la isla-,  se está proclamando esto de que nadie puede tocar a la mujer y quien se atreva a esto será sacrificado y un montón de cosas más, sentenciando, amenazando a quien se le acerque a Reri, que entre otras cosas es una mujer bellísima, pero Matahi no escucha esto porque llega tarde, él es la muestra de un hombre joven y distraído, soñador, enamorado,  que por no llegar a tiempo, no escucha a los lideres.  Ya lo había escrito anteriormente, cuando proyectamos Meteora de Spiros Stathoulopoulos (2012), y lo vuelvo a escribir, es que cuando uno se enamora no hay pero que valga, sólo una corriente que nos arrastra.

Este es el Tabú, el no poder romper las reglas del ritual, porque cuando se rompen traen consecuencias morales, sociales; es lo impuesto, es la convención y si no se respeta entonces las consecuencias son excluyentes, son radicales.

Tabú es una historia de amor prohibido, lo prohíbe la costumbre de la tribu, la creencia también de esos dioses que el ser humano ha deseado crear, para su beneficio o su maleficio. Un amor que quiere sobrepasar los limites del impedimento y salvar a los enamorados de ese encierro al que están sometidos, el encierro que es su tribu y más que esta, son las imposiciones que tienen que soportar aún en contra de sus deseos, el encierro es esa  prohibición enmascarada de costumbre, de cultura.

A partir de que llega Reri, “la mujer intocable”, en ese momento ya no hay más Paraíso, porque empezamos a evidenciar emociones en los personajes, que precisamente vuelven la isla un escenario tenso, un escenario de fricción, porque Matahi es posesivo y por ende celoso, entonces no puede ver que nadie baile con su enamorada, porque él se mete en medio del baile, sin importarle nada, con tal de que nadie esté cerca de Reri, él cree que es el único que puede estar cerca de ella, por lo menos no en manifestaciones corporales tan cercanas como un baile exótico. “PARAÍSO” era vivir tranquilo, sonriente, sin muchos temores que puedan acabar con alguien, pero justo en el momento en que Matahi ve a Reri, ya nada que hacer, se perdió, se jodió, porque las mujeres son Paraíso, pero al mismo tiempo pueden ser Infierno. El averno absoluto de las pasiones.  Pero Reri decide ser fiel a si misma antes que a otro y se va con Matahi,  un lugar en donde entran a ese juego del dinero, de la avaricia, de la ambición sin importar a qué costo. Entran a ser parte de una mezcla de culturas que más que soluciones, trae problemas,  como escribiría Joel del Río “… el conflicto entre civilización y naturaleza, entre tentación e inocencia”.  Vemos que en éste viaje que emprenden se enfrentan a su ingenuidad de un “mundo civilizado” que no es otra cosa que un mundo aterrador en el que parece ser que la rutina es la doble moral, la mentira, la trampa. De por sí que ya venían de un mundo en el que se enfrentaban a la costumbre castrante que reprime los deseos, motivo más que suficiente para escapar de un lugar en donde no se puede amar.

En Tabú, Murnau vuelve con esa imagen fantasmal, esa misma que aturde a los personajes que andan viendo fantasmas que los aterran, los fantasmas de la culpa, de la traición, fantasmas persecutores. En Tabú, dicho fantasma es el del sabio, el viejo que ha llegado con el escrito donde dice que Reri es una mujer que no se puede tocar, puritana, casta.  Pero Reri es pura candela, hasta cierto punto claro; ella prefiere seguir a su corazón, la mirada de éste, porque como nos diría (a mi y a mis amigos Juan y Yenni)  José Luis Guerín una vez:”La mirada del corazón, en últimas, es la única que importa”. Reri sigue esta mirada y allí donde tiene que escoger, escoge a Matahi, que entre otras cosas, se ha endeudado hasta los dientes para poder estar con Reri.

Es allí, donde este fantasma se aparece como un Nosferatu (Murnau // 1922) con la diferencia de que el Vampiro va de negro y éste viejo va de blanco, blanco puro, porque al parecer el anciano es pura pureza, pureza  dura y pura; pero la aparición en últimas es la misma, aterradora,  y es solo una  apariencia tanto brillo en la blancura, porque tiene a Reri al borde de un ataque de nervios.

Reri, en un acto de amor y valentía, decide devolverse con el Viejo, que ya no es un fantasma, se ha materializado para llevarse a Reri a donde pertenece, todo para que no le hagan nada a Matahi; pero nada de esto vale, porque el joven, desesperado, después de haber perdido todo su capital, sale detrás de ella, y justo cuando por medio de una soga se va a subir a la barca en donde llevan a Reri, el Viejo fantasma la corta con un cuchillo y el pobre joven queda a la deriva, en medio de un mar turbulento, queda solo. Final trágico para aquello que parecía tener un final feliz, pero ese tal poder del amor no es suficiente cuando el designio divino está por encima de cualquier cosa, la costumbre lo primero, la tribu lo primero, el tabú lo primero, porque si esto se rompe ya no queda nada y en todo caso, en mi humilde opinión no quedó nada, dentro de la película, solo rencor, desolación, una mirada poco optimista. En Tabú se muestra el egoísmo del ser humano con sus semejantes, porque vale más la imposición a la fuerza, que el respeto por el sentimiento.

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