Sing a song of sex

TSP_Oshima

El cine de Nagisa Oshima siempre se caracterizó por romper tabúes y crear discusiones en torno a la sexualidad, el erotismo, las relaciones personales y la política. “Tratado sobre canciones japonesas obscenas” (1967) –“sing a song for sex” es su título en inglés– es una de sus primeras películas y se enmarca dentro de lo que se denominó la “nueva ola japonesa”, corriente cinematográfica que responde a su contemporánea “nueva ola francesa” y que tuvo como principal protagonista a Oshima y a Shohei Imamura. Esta nueva ola, como las otras contemporáneas, toma muchas veces de protagonistas a personajes jóvenes, rebeldes y marginados, que con sus maneras de pensar y actuar contestan lo que piensan y sienten frente a sus mayores y frente a la sociedad en la que les ha tocado vivir.

Quizás lo que más llama la atención es la desazón e inconformidad con la que viven esos 4 jóvenes protagonistas de la película. Y no es decir que sea una inconformidad netamente política o sexual, económica o cultural; puede ser cualquiera de ellas, en distintos niveles, o ninguna de las anteriores. Lo que sí es que hace falta algo –como en la adolescencia y en el resto de la vida–, y eso que falta o que necesitan lo traducen en un constante deseo sexual frente a cualquier mujer y en especial frente a “469” a quien quieren violar.

O no. Puede que lo tengan todo, pero igual sólo les interesa molestar. Son irreverentes y poco les importa mentir y jugar. Y es que no hay nada más por hacer? Podrían cantar canciones gringas de folk en contra de la guerra en Vietnam, interesarse en sus estudios, enamorarse de alguna chica, o buscar trabajo y aprovechar el rápido avance económico que ha sufrido el Japón luego de la segunda guerra mundial. Pero más vale vagar y divertirse y burlarse de todo, y es que igual son jóvenes y nadie les va a arrebatar –como a sus padres— tan bello momento en sus vidas. Ni la economía ni el deber, ni el compromiso a su futuro les va a quitar la oportunidad de que todo les valga una mierda.

Todo el erotismo que desbordan estos jóvenes no es más que una idea porque realmente no existe acción sexual, por más que esta sexualidad sea su modo de liberación, de revolución, o de insurrección.

Lo que no sabemos es cómo afrontarían la realidad estos 4 jóvenes. La película juega constantemente con estos dos escenarios, la realidad y la imaginación, hasta que a veces creemos que una es la otra y no sabemos qué está sucediendo. Y es que hay que tomar alguna decisión y ver qué tanto valen nuestros deseos y saber si somos capaces de llevar a cabo todo lo que hemos imaginado…nuestra imaginación puede convertirse en realidad? tomaríamos esa oportunidad? violaríamos a esa chica? Son sólo deseos o realmente queremos hacerlo. Ahí están esas decisiones que nos pueden decir si ya estamos listos para crecer, o para asumir, o para emprender un nuevo momento… La película me pone a mí en un estado algo incómodo y confuso. Hay varias preguntas pero no sé planteármelas, hay respuestas pero esas sí que menos puedo encontrarlas. Hasta ni sé qué escribir para esta nueva función del cineclub (¿acaso se ha vuelto obligación escribir?) Igual todos vivimos soñando y haciendo, y sin estos dos elementos de realidad e imaginación no podríamos seguir adelante. Lo que no tenemos nos lo imaginamos y ya depende de la voluntad y de la suerte si conseguimos lo que queremos.

Quiero terminar ya con este escrito al que le he huido los últimos días. Primero resaltar que la película se realizó de una manera parcialmente improvisada, asunto muy juvenil. Segundo que me llamó la atención cuán fría y vacía se ve la ciudad y que ilusorio se ven esos afiches publicitarios de películas pornográficas y de gaseosas gringas. Tercero –y cómo no hablar de ello- las canciones en las que se refugian los jóvenes y que son el hilo constante donde la película baila entre ironía y erotismo; la música, la gran manifestación del espíritu humano donde los personajes manifiestan sus pasiones y sus fracasos. A lo largo de la película hay canciones muy diversas, las obscenas, las nacionalistas, las que van en contra de la guerra; todas dan cuenta de las diversas ideologías y situaciones de una generación diversa, sin que sepamos si esta generación está unida o no.

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