Solitude

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Escrito por Juan Camilo Moreno

Los hermanos Kaurismaki (Mika y Aki) son rockeros puros, y se dejan seducir por riffs de guitarras, contrabajos, historias de un muy lejano Mississippi, letras y situaciones cómicas, y personajes, músicos, que deambulan por frías ciudades en las que el vapor sale de sus bocas al hablar. Piedras rodantes que figuran a todo lo largo de su compartida filmografía.

Hermanos, Mika fue el primero en interesarse en el cine, y al realizar su primer largometraje uso a su hermano Aki en el papel del protagonista. Así fueron haciendo películas juntos, a veces uno dirigiendo, a veces el otro produciendo, ambos creando varias de las productoras de cine más reconocidas en Finlandia, país del que acá en Colombia poco se oye hablar. Mika Kaurismaki ha realizado más de una treintena de películas como director, entre las que se encuentran muchas películas documentales sobre músicas y músicos del mundo (Brasil y su música ha sido un tema por el que se ha interesado bastante). El rock, como dije, parece ser una fuerte vibración que rompe el hielo y ruboriza a los pálidos finlandeses, animados por el calor y el descontrol del baile, la velocidad y la distorsión.

Esta película, Zombie and the Ghost Train, reúne a fieles colaboradores en la filmografía de los hermanos Kaurismaki. Músicos y actores que han sido los constantes actores en sus películas, que han escrito e interpretado las bandas sonoras, que lideran grupos musicales nacidos a partir de las películas, y que son figuras claves dentro de la escena musical en Finlandia.

En este caso el personaje principal es Zombie, un muy buen bajista a quien le dan miedo las alturas y los cadáveres, y quien parece no saber hacer otra cosa distinta a tocar su instrumento y a tomar ávidamente cerveza a cualquier hora del día.

Zombie es un auténtico Piedra rodante. Expulsado del ejército y de vuelta a casa, la relación con sus padres parece no existir, y en la ciudad no hay muchas oportunidades. Si hay que cargar cables y amplificadores en las bandas de los amigos, pues se cargan. Si hay que dormir en la carretera, soportando el viento y la nieve, pues se duerme. Creo que a Zombie realmente no le preocupan estas cosas. En su corazón se aloja una tristeza y una soledad que le hiela el alma, que calla sus palabras y que convierte las relaciones con su novia y sus amigos en algo simple, sin mucha charla, sin mucha jocosidad, algo seco, directo, frío, tristemente cómico.

Sus palabras que a veces narran la película son como salidas de un diario muy personal que nadie nunca podrá leer y que él probablemente nunca escribirá. Soledades inexplicables que devienen en la imposibilidad de hacer cualquier tipo de cosa. Sus caminos inocentemente errados van acompañados por una de las canciones más tristes que he escuchado en mi vida, “Solitude” del Black Sabbath de Ozzy Osbourne,

Como músico maldito, Zombie tiene una suerte de padrinos mágicos que lo salvan y lo acompañan en algunas de sus aventuras. Son los Ghost Train, banda de tres músicos que siempre están de gira pero que nunca nadie ha visto tocar. Me gusta esta idea de que sea Zombie quien los ve y los acompaña, de que ellos lo vean a él y lo acompañen. Relación misteriosa, afortunada y exclusiva. Hay algo más allá de lo racional y lo mundano en Zombie. Algo que escapa a conciertos y a acordes, a Helsinki o a Estambul, algo como un sentimiento, un destino, una casualidad, o un deseo profundo y desconocido que lo mueve. Y la cerveza quizás sea el medio ideal para mantenerse lucido entre ese oscuro objeto de deseo y el mundo racional.

Zombie vaga por las calles buscando algo improbable. Él es dueño de su destino, y la ensoñación le provoca caminos dispares y confusos, recovecos de alcohol e ilusiones de mujeres antes amadas.

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